Reencuentro.

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Reencuentro.

Ya no recuerdo como surgió la costumbre de quedar con Diego en las terrazas de La Plaza Mayor. Desde luego, a ninguno de los dos nos pega en absoluto dejarnos cuatro euros en una caña, yo siempre prefiero tomar algo en un parque o en la calle y él un día fue punki y aun se le nota bastante en su aspecto algo desaliñado y en su obsesión por consumir lo mínimo posible. Seguro que salió de mí, alguna tarde debí convencerle, tal vez hace años, cuando empezamos a conocernos y tener interminables conversaciones sobre todo, supongo que lo pasamos bien y de forma natural se instauró este ritual símbolo de nuestra amistad. Ayer, después de meses sin saber prácticamente nada el uno del otro, volvimos a quedar. Es extraño como a veces nos distanciamos sin motivo aparente de las personas a las que queremos. Un día las dinámicas de vida empiezan a llevarte por otro lado y dejas de ver radicalmente a alguien que había sido constante en tu día a día, casi tu familia…

En realidad la razón principal por la que dejé de ver a Diego no es tanto un misterio. Fue Nana. Nana me caía bien, incluso llegamos a hacer algún plan divertido los tres solos, yendo yo de sujeta velas, pero el estado de degradación y oscuridad en el que Diego empezó a sumirse a causa de sus líos con ella me llevó a generar un cierto rechazo. El mismo Diego, en su proceso amoroso autodestructivo, se alejó de casi todos sus amigos, y más en concreto de mí, que no sé mantener la boca cerrada y no podía evitar darle exaltados consejos con la esperanza de que espabilara y saliese del agujero en el que se había metido.

Supongo que su problema es que es demasiado romántico. La belleza femenina le pierde, pero no a un nivel exclusivamente sexual, Diego se enamora idealmente de las chicas por su aspecto con una facilidad preocupante. Y Nana tiene una belleza radiante: es menuda, no explosiva, pero su cuerpo está perfectamente acabado, como un dibujo, y su cara de niña rubia de ojos azules encaja de forma casi irreal con el ideal de belleza masivo. Es lo que se entiende por un ángel, es indiscutiblemente preciosa y arrastra irremediablemente todas las miradas, de hombres y mujeres. Cuando Nana entra en un bar, en una habitación, en el metro o en una fiesta, es casi siempre lo más bonito que hay en ese lugar. Esto puede ser desasosegante para las demás chicas y a menudo le ha traído problemas con sus amistades del mismo sexo. Me pregunto cómo será vivir con esa condición física tan particular, ha de ser muy interesante, pero también agotador y difícil de lidiar. Nana es sin duda una persona bastante egoísta y caprichosa, pero a mi ver lo es dentro de unos límites razonables; al fin y al cabo ha tenido que convivir toda su vida con una humanidad que la envidiaba o la halagaba hasta el extremo nada más verla, antes de llegar a conocerla realmente.

¿Qué vio Nana en Diego? A mí me cuesta diferenciar a los hombres guapos de los feos, pero supongo que Diego es un chico guapo, no modélico, pero atractivo a su manera. Claro que ella podría haber tenido a cualquiera, pero él le dio algo muy especial: desidia. Siempre hay manipuladores que juegan al juego de conquistar a las más bonitas por la vía de darles caña, de ignorarlas, de sorprenderlas a través de la insatisfacción. Bueno, Nana, además de preciosa, es también demasiado lista para caer en algo así. La desidia de Diego la atrapó porque no era calculada ni fría: él se enamoró profundamente nada más conocerla, es un tipo transparente y su amor se veía claramente en sus ojos. Pero simplemente, desde un inicio, dio por sentado que con alguien tan maravilloso todo acabaría saliendo mal antes o después. Nunca se creyó del todo que ella pudiese quererle. Se dejó ir sin esforzarse en trabajar una relación que daba por sentado que sería fugaz. Así la consiguió y así la jodió, pobre Diego.

Diego fue el segundo chico con el que Nana se acostó y, por lo que tengo entendido, el único con el que consiguió llegar al orgasmo, aunque eso no le impidió ponerle los cuernos varias veces. Al principio todo iba bien: ella estudiaba aplicadamente arquitectura, es una persona con un nivel de autoexigencia tremendo. Creo que intenta mantener sus actos a la altura de las expectativas que crea su aspecto. Diego, cuatro años mayor, acababa de conseguir un curro de dependiente en una librería (lo cual suponía una gran mejora respecto al Carrefour, en el que había pasado año y medio) y seguía devorando libros y escribiendo buena poesía que a ella la tenía fascinada. Sus poesías sobre Nana, las de ese primer momento y también las de después, son para mí las mejores que ha escrito.

Luego Nana dio el salto al cine. Ahí empezó toda la mierda. Me recuerda a cuando mis padres ganaron la lotería, a veces al conseguir lo que más querías pierdes cosas que ya tenías que eran mucho mejores; “cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad”, suele decirse. El profesor del grupo de teatro en el que estaba en seguida vio que tenía cierto talento (”cierto” es la palabra adecuada porque a mí nunca me pareció tan buena, por muy famosa que se halla hecho) y, sobre todo, vio que era un auténtico bombón listo para ser devorado por la industria de la imagen. La animó a pasarse por un par de castings y, de repente, Nana formaba parte del reparto de una película de presupuesto medio. A Diego no le gustó nada la idea desde un principio. Maldito humor melancólico; cuando tienes claro que se avecina el desastre todo se convierte en presagios oscuros. Lo cierto es que el mundillo en el que se fue metiendo ella, primero con la peli y luego con la serie de televisión, es realmente asqueroso. Lleno de actos sociales, relaciones superficiales, cocaína, actores, fiestas aburridas. Un mundo de gente guapa en el que Nana ya no era una pieza única, lo cual la hacía sentirse más relajada. Un mundo en el que Diego no encajaba en absoluto. Nana amaba a Diego, lo amaba de verdad, intentó hacerlo compatible con su nueva vida pero él no se dejó. Diego no hablaba con casi nadie en las fiestas, yo tampoco lo hubiera hecho. Bebía mucho, haciendo gala de esa tremenda e insana resistencia al alcohol que tiene. Ella coqueteaba con la cocaína y hacía “amigos” sin parar. Empezaron a no acercarse nunca el uno al otro cuando estaban en público, porque él se sentía inseguro y, borracho, llegaba a volverse muy mezquino, insultando con ironía agresiva y fuera de lugar a casi todo el mundo, sobre todo a ella. Diego se sentía insuficiente para Nana y por eso quería destruirla, humillarla, poner de relieve que era menos culta, que se había vuelto superficial, que no era buena actriz, que había abandonado la arquitectura que era para lo que realmente valía… Mi amigo es una de las personas más limpias y nobles que conozco, nunca le había visto envidiar a nadie, ni albergar ningún rencor ni ningún odio más que por los explotadores o por los que dañan conscientemente a los demás. Diego siempre ha sido un idealista, su mirada es triste pero limpia como el agua. En cambio destruyó aquello que más amaba a base de las más terribles bajezas y fue capaz de hacer cosas tan horribles precisamente porque quería a Nana mucho, muchísimo, más allá de todo límite. Yo no diría que Diego está loco, pero, joder, que raras somos las personas.

Algo que quedó patente desde el principio de su relación es que el sexo era fantástico. Cuando empezaron Nana descubrió con Diego lo que era follar y la química entre ellos era avasalladora. Supongo que desnudos, en la cama, Diego se entregaba a las sensaciones y perdía su fondo sombrío y Nana se liberaba en la intimidad de todas sus presiones e inseguridades. Cuando todo comenzó a joderse seguían follando como leones, mantenían esa parcela inconsciente, con un matiz de tristeza, como lazo para no separarse definitivamente. Y como el sexo era el único pilar seguro de su relación, fue lo que Nana atacó cuando se vio demasiado vejada y agredida por él. Empezó a ponerle los cuernos, más de una vez y con diferentes chicos. En un intento de reconciliación ella le echó moral y fue a su comida familiar de cumpleaños. Diego tuvo los santos cojones de lanzarle pullas incluso en esa situación y ella reventó y le gritó delante de su propia familia que había follado con otros y que él era gilipollas porque lo había hecho por su culpa, por cómo la trataba, y que ella era también gilipollas porque seguía enamorada y porque no había podido correrse con ninguno de los amantes. En el momento fue un hecho muy traumático para todos, pero he de reconocer que hoy daría lo que fuese por ver la cara que pusieron los hermanos, padres y abuela de Diego ante tal testimonio.

Tras aquello decidieron separarse un tiempo. Luego ella se aburrió de las fiestas, de la noche y de los actores, le cogió miedo a la coca… Intentó volver a la arquitectura, creo que aun está dudando qué hacer; la tele da mucho dinero fácil. Los dos se quedaron con la nostalgia en el corazón de haber perdido un amor muy grande antes de haber llegado a vivirlo en su plenitud. Hace unos meses intentaron volver, quedaron unas cuantas veces. Creo que fue más o menos bien, aunque no estoy muy seguro porque a penas he hablado con Diego últimamente. En algún momento Nana salió con el rollo del rito psicotrópico. Supongo que en los ambientes del artisteo y la farándula surgen muchas posibilidades originales y absurdas de gastar grandes cantidades dinero. Una de ellas es irte con tu pareja a un pueblo perdido de la India a tomar una droga y pasar un proceso alucinatorio que sirve para unir los atmanes, o no sé qué leches…

Ayer estaba pensando en toda esta historia cuando Diego apareció, tarde, como siempre. Nos dimos un fuerte abrazo, tenía muchísimas ganas de verle. Hablamos primero un poco de todo y de nada, luego yo le pregunté por el viaje a la India, era la primera vez que le veía desde su vuelta. La pregunta le perturbó un poco, no parecía exactamente incómodo, pero sí entendí que había sido una experiencia intensa e importante. Pensé que habría ido mal y que se habrían peleado. Muy serio, bajó la cabeza unos instantes, meditó cómo empezar a hablar, volvió a mirarme a los ojos y arrancó:

<<Fue bastante fuerte, la verdad. Llegamos al aeropuerto y nos vinieron a recoger con unos todoterrenos grandes en los que hicimos un viaje de más de ocho horas hasta el paraje perdido a donde nos dirigíamos. El rollo era muy pijo, pero con clase; parejas de mucho dinero con un toque bohemio, intelectual y aventurero. Ella pagó todo, claro. El sitio era completamente paradisíaco: un lago enorme en medio de un valle completamente cerrado por montañas verdes, todo con una vegetación exuberante. Vimos macacos y pájaros de colores que no escapaban cuando te acercabas. Comimos frutas tropicales recogidas por la zona, arroz aromático y yogur artesano, todo delicioso. Los bungalós tenían una estética rústica integrada con el entorno, pero al tiempo eran muy refinados, como de colonia británica de los años 30′. El servicio era encantador, la verdad es que el mero hecho de que me sirvan no me gusta nada, pero esta gente parecía totalmente feliz de vivir donde vivían y de trabajar dónde trabajaban. Creo que el negocio está montado por unos seudojipis que intentan hacer un modelo de empresa decente; los turnos de todo son rotativos, pagan bien y cosas de esas. Pero había algo más, los personajes que llevaban el sitio eran más que amables, eran incluso cariñosos. Te tocaban mucho y al segundo día de llegar una camarera le dio a Nana un abrazo. A ella le parecía todo estupendo, a mí al principio me dio mala espina tanto buen rollo. Pero era imposible encontrar un ápice de falsedad en su comportamiento, y por muy escéptico que intenté ponerme, acabé seducido por ese ambiente de serenidad y emotividad espontánea que transmitían. Creo que todo era una especie de preparación para lo que vendría después, la toma de la bebida y eso.

La tercera noche llegó el momento del rito. Cubiertos con batas blancas de hilo fino sobre nuestros cuerpos desnudos, nos dieron a cada pareja un cuenco de brebaje. Nos tenían en ayunas y aquello sabía a rayos, no nos dijeron qué llevaba pero era marrón y dejaba un gusto agrio en la boca muy extraño. Una vez que vaciamos el recipiente nos sentamos todos a la orilla del lago y ahí nos dejaron sin darnos más indicaciones. Pasada una hora o así, la gente fue levantándose, quitándose la túnica y yendo hacia el agua. Allí, desnudos, se abrazaban hombres y mujeres. El potingue empezó a subirnos y también nos desnudamos y nos bañamos. El agua estaba templada, empecé a abrazar y a acariciar a todo el mundo, ahora me parece algo raro, incluso estúpido, pero en el momento la experiencia del encuentro de las pieles desnudas me llenaba de una reconfortante sensación de intimidad buena y sencilla. Cada vez estaba más pedo, con una sensación parecida a la que se tiene al tomar setas, sólo que más intensa. Completamente desorientado seguí juntándome con otros cuerpos, metido hasta el pecho en el lago que la luna llena iluminaba tenuemente tiñéndolo de color azul oscuro. Cuando me encontré con Nana, el contacto que hasta entonces había sido tranquilo se convirtió en sexualmente muy excitante. Nos besamos y tocamos y yo notaba que ella se estaba poniendo tan caliente como yo pero de forma más serena. Intenté penetrarla allí mismo, de pie, pero no me dejó. Me sentí desarmado y torpe, como un niño pequeño, frente a su presencia segura y madura. Me puse a llorar y le dije: “¿Por qué no me quieres mamá?”, y ella respondió: “Ahora yo soy tu madre y te querré hasta que uno de los dos muera”. Cogió mi mano y fuimos hacia la orilla. Allí nos tumbamos, aun dentro del lago pero donde cubría sólo unos centímetros. “Ahora hazme una mujer”, dijo, y entonces me sentí muy adulto y muy hombre, y empecé a entrar dentro de ella. Puso una mueca de dolor pero no paré y ella rompió a llorar y me dijo: “No me quites esto, por favor. Me duele”. Yo, yendo más despacio, pero sin detenerme, contesté:

- Ya, ya…

Y al poco, sin saber bien por qué:

- ¿No lo notas?

- ¿El qué?

- Es la vida que crece en tu interior.

Y lo cierto es que íbamos muy muy pedo, pero los dos notamos como mi pene comenzaba a crecer desproporcionadamente dentro de ella. Y te juro que luego sentimos como le salían cabeza y extremidades y se iba convirtiendo en un feto. Era muy extraño, pero no resultó en absoluto siniestro, y era sexualmente muy placentero, así que continuamos. En mi mente, vi al niño y le puse un nombre, Marcos, y cuando llegó el momento de dar a luz sentimos el orgasmo simultáneo, el feto volviéndose a convertir en mi pene, el semen inundándola; y al mismo tiempo un enorme dolor, el dolor sano y terrible de alumbrar, que yo nunca hubiese podido sentir si no hubiese sido por la magia, o lo que fuese que estaba pasando. Y nos miramos y el sexo ya no era morbo, ni tabú, ni reproducción, ni imposición o represión social, ni pasión, ni ansiedad, ni recordatorio de la vida y la muerte, ni ilusión de no estar solo por unos instantes. Era sólo amor, hacer el amor. Sin abandonar la postura del misionero, mirándonos a los ojos y sin nada en la mente que no fuese los ojos del otro y a través de los ojos el alma,  empezamos de nuevo. Desde la flacidez a la erección, sis sas sis sas. Ella el culo hundido en el limo, moviendo nuestras caderas a un ritmo constante, semisumergidos en el agua como los primeros peces que salieron a la tierra. A nuestro alrededor, todas las parejas estaban dándole acompasadamente como nosotros. Sis sas sis sas, hasta tres veces más me corrí, perdido en los ojos de Nana. Sintiéndome un niño pequeño, un bebé y un anciano. Su piel era mi piel, sus jadeos mis jadeos, su pelo, su carne, sus entrañas, su cara, su ser, su corazón, su pena; todo se confundía en la ilusión veraz de una identidad compartida. Cada orgasmo sincronizado no fue más que una gran bocanada de aire y placer más amplia dentro del curso de nuestras respiraciones parejas, y tras el tercero; la ensoñación, la magia, el efecto de la droga, cesaron casi por sorpresa. De pronto nos dimos cuenta de que las estrellas ya no estaban allí, amanecía. Agotados, con los cuerpos doloridos, nos separamos y nos quedamos tumbados boca arriba. Nos cogimos de la mano y permanecimos mucho rato mirando el cielo de la mañana, sintiendo nuestros músculos entumecidos, invadidos por una extraña sensación de vacío, de comunión en ese vacío, de comunión en nuestro silencio.

Luego Nana dijo: “Vámonos a casa”, nos pusimos en pie y nos fuimos al bungaló. Nos acostamos y antes de dormir solté unas palabras que no deberían haber tenido ningún sentido: “Tengo ganas de volver a Madriz y ver a Marcos”. Y ella respondió: “Yo también, siento como si lo hubiésemos hecho hoy”.

Y esa es la historia.>>

Joder, que cosa más rara“, fue lo primero que me salió de la boca tras semejante testimonio. Le expliqué que todo parecía un poco locura, le pregunté si Nana había quedado realmente embarazada. Afortunadamente no fue así, pero al parecer están dejando de tomar precauciones y planean irse a vivir juntos ya y tener a su Marcos (que si es niña, a ver qué coño hacen con el nombre milagroso). Yo intenté convencerle de que todo era muy precipitado y absurdo, que las cosas no se pueden acelerar así por las buenas. Él me respondió que en el avión había hablado con ella más tranquilamente y le había dicho algo así como que de vuelta en la ciudad se volverían “a manchar” y que ella le respondió que sí. “¿Entonces, qué haremos?” preguntó Diego, y la respuesta de Nana fue: “permanecer juntos”. La verdad es que por un lado todo parece muy bonito y romántico, yo espero que les vaya bien.

Estuvimos charlando varias horas más. Luego nos despedimos y yo me quedé unos instantes observando su espalda que se alejaba: el bueno de mi amigo, siempre con sus andares pesados. De noche, en casa, entendí que la historia, aunque me parece un completo sinsentido, me había impactado, porque me sentí como raro cuando me metí en mi cama. Solo.

 

One Response to “Reencuentro.”

  1. Rulo Says:

    Estás colgaó (por las grabaciones y tal), y deberías corregir las faltas de ortografía antes de publicar, pero todo eso no quita que es bastante guapo.

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